Inicio

Vivir la música, bailando la melodía del ser, al ritmo de la emoción” Íngrid L. López M.

La música es tan antigua como el hombre, está presente en todas las culturas. Desde tiempos remotos las canciones de los hombres se asociaban a diferentes ritos importantes de la vida, danza, cosechas, momentos funerarios, celebraciones nupciales, curaciones, etc. Los médicos de la antigüedad la utilizaban para mitigar efectos malignos y atraer efectos sanadores por medio del canto, gritos, recursos vocales.

En la antigua Grecia, la música también era interpretada como una fuerza que influenciaba el pensamiento, las emociones, y la salud física. En el 600 A.C. en Esparta, se le atribuye a Thales, de haber salvado de una plaga a una población, a través de sus poderes musicales.

La música constituye la piedra fundamental de la musicoterapia, para que pueda tener un potencial terapéutico, debe ser aplicada por un especialista.

La Federación Mundial de Musicoterapia WFMT (2006) define la terapia musical como el uso de la música o elementos musicales (sonidos, ritmo, melodía, armonía) por un terapeuta musical, con un cliente o grupo de pacientes , en un proceso diseñado para facilitar y promover comunicación, aprendizaje, movilización, expresión, organización, con el fin de lograr cambios y satisfacer las necesidades físicas, emocionales, mentales, sociales y cognitivas.

La música provoca efectos fisiológicos y psicológicos positivos, incluyendo cambios en los signos vitales, cambios conductuales, reducción de la ansiedad, y favorecer la promoción del bienestar “(Chang et al, 2005).

La Musicoterapia forma parte de las terapias complementarias recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (O.M.S) a las enfermeras(os) como una estrategia para alcanzar el objetivo “salud para todos”.

La finalidad es trabajar con las potencialidades y creatividad del usuario para promover su autonomía y funcionalidad, en busca de mejorar la calidad de vida.